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Majo y Carlos: perfecto, a su manera

Hay historias de amor que parecen trazadas con regla. La de Majo y Carlos no es una de ellas. La suya se fue haciendo a mano, con pausas, desvíos y reencuentros que nadie hubiera podido planear. Y su belleza está justamente en lo que no es perfecto.

El principio, sin saberlo

Se conocieron en la buseta del colegio. Ella tenía 12 años, él 15, y en esa época la diferencia se sentía enorme. No era su momento. La vida los llevó por caminos distintos, a países distintos: Majo vivió seis o siete años en Estados Unidos.
En diciembre de 2019 ella volvió a Colombia y se reencontraron. Fueron apenas dos semanas, pero bastaron para descubrir una conexión y unas ganas de construir algo juntos que pudieron más que la distancia.

Esperarse

Luego llegó la pandemia: nueve meses sin verse, sin saber cuándo volverían a estar en el mismo lugar. Con paciencia, comunicación y muchas ganas, sostuvieron una relación a distancia que duró tres años de viajes, despedidas y llamadas por FaceTime, hasta que Majo terminó su carrera.

Volver para quedarse

En junio de 2023, después de su grado, volvieron juntos a Colombia. Esta vez para quedarse y construir un hogar, con sus perritos. Primer apartamento, nuevas rutinas y un espacio que poco a poco se fue llenando de ellos. "Fue un año mágico y retador a la vez, pero nos llevó a entender que somos un gran equipo y que queríamos compartir el resto de nuestras vidas juntos."

Una ramita en espiral

Tal vez por eso tenía sentido que su anillo tampoco saliera de un molde. Cuando llegó el momento de pedirle matrimonio, Carlos tenía claro que no quería un anillo cualquiera.
"Era el estilo perfecto para Majo. Ella ama y admira mucho lo artesanal, y eso es lo que Câpâ más trabaja y representa. Además, al saber que me iban a poder asesorar y personalizarlo para que fuera un anillo único y diferente, me decidí. Quería algo distinto y especial."
— Carlos
Para Majo, el anillo era también un miedo secreto:
"Honestamente quedé gratamente sorprendida. Uno de mis mayores miedos, como una personita un tris controladora y con gustos muy específicos, era que me diera un anillo tradicional, porque soy cero de plateado, argolla plana, brillante y básica… Me daba mucho susto que Carlos no supiera lo que yo quería. Para mi sorpresa, me conoce más de lo que creo (es muy observador)."
— Majo
El diseño reunió todo lo que ella ama: una ramita en espiral que simboliza el amor infinito, un diamante con pequeñas inclusiones, "con pequitas, como las mías", y un oro de tono cálido, su favorito. Una pieza que nació en el taller, entre cera, fuego y manos, no en una pantalla. Irrepetible, como ellos.
"Desde que me lo dio, me miré la mano cada cinco minutos durante un mes completo. Ahora es lo primero que me pongo en las mañanas, lo que nunca me puede faltar. Mi anillo perfecto, único y espectacular."
— Majo

Sí, en Santa Elena
Se comprometieron en septiembre de 2024 en una casita íntima y mágica en Santa Elena. Un año después, en septiembre de 2025, se casaron en una finca rústica en La Ceja: una ceremonia muy de ellos, acogedora, rodeada de naturaleza y buena música.
Sus argollas de matrimonio también nacieron en nuestro taller. Acaban de cumplir su primer año de casados, y todavía no se lo creen.
"Gracias, Câpâ, por ser parte de nuestra historia. La hicieron única, hermosa e irrepetible."
Gracias a ustedes, Majo y Carlos, por dejarnos ser parte de un amor que se construyó con paciencia y a mano. Uno que, como la espiral de su anillo, sigue fluyendo sin buscar ser perfecto. Perfecto, a su manera.

Fotografía. Ana Olano @anaolanofoto